Thu 24 Jm2 1435 - 24 April 2014
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La Emigración del Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) hacia Medina (Híyrah)

Quisiera que alguno de los hermanos me ayude a encontrar algunas fuentes de información acerca de la Emigración del Profeta, o Híyrah, porque estoy haciendo una investigación sobre ello

Alabado sea Dios

Cuando la persecución de la gente de La Meca contra los musulmanes se intensificó, Dios les ordenó a los musulmanes emigrar, para que puedan establecer la religión de Dios en una tierra donde pudieran adorarle. 

Dios escogió Medina como la tierra de emigración por la causa de Dios. El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) vio en un sueño que él estaba emigrando a esa ciudad. 

Se narró de Abu Musa que el Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Vi en un sueño que estaba emigrando desde La Meca a una tierra en la cual había palmeras datileras, y pensé que era al-Iamámah o Háyar, pero resultó ser al-Madina, Iázrib…”. Narrado por al-Bujari, 3352; Muslim, 4217. 

Al-Bujari (3906) narró que ‘Aa'ishah (que Allah esté complacido con ella) dijo: “El Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo a los musulmanes: “Se me ha mostrado la tierra a la cual emigrarán: tiene palmeras datileras entre dos campos de piedra volcánica, dos yacimientos de piedra”. Entonces algunos emigraron a Medina, y la mayoría de quienes habían emigrado previamente a la tierra de Etiopía, regresaron a Medina”. 

Al-Háfiz dijo: 

“Al-Harrah (yacimientos pétreos) es una sitio donde la piedra es negra. Este sueño fue diferente de los sueños mencionados arriba en el reporte de Abu Musa, en el cual el Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no estaba seguro dónde estaba esa tierra. Ibn at-Tín dijo: “Al Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se le mostró la tierra de la emigración en una forma que podía aplicarse a Medina o a otros lugares, entonces se le mostró la característica que es única de Medina, entonces se le hizo claro qué tierra era”. 

Con respecto a los primeros compañeros del Profeta (que Dios esté complacido con ellos) en emigrar: 

Se narró que al-Bará' (que Dios esté complacido con él) dijo: “Los primeros que vinieron a nosotros de los compañeros del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) eran Mus’ab ibn ‘Umair y Ibn Úmm Maktum. Ellos comenzaron a enseñarnos el Corán. Luego llegaron ‘Ammár, Bilal y Sa’d, luego ‘Umar ibn al-Jattáb llegó con veinte más. Luego el Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llegó, y yo nunca había visto a la gente de Medina regocijarse más que en ese día. Se regocijaron tanto que yo vi a las muchachas y los niños diciendo: “Este es el Mensajero de Dios, ¡ha llegado!”. Narrado por al-Bujari, 4560. 

El siguiente reporte resume muchos de los eventos de la emigración del Profeta: 

Se narró que ‘Aa'ishah (que Allah esté complacido con ella) dijo: “El Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo a los musulmanes: “He visto en un sueño la tierra a la cual emigrarán: tiene palmeras datileras entre dos campos de piedra volcánica, dos yacimientos de piedra”. Entonces algunos emigraron a Medina, y la mayoría de quienes habían emigrado previamente a la tierra de Etiopía, regresaron a Medina. Abu Bákr también preparó su partida para Medina, pero el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo: “Espera un poco, porque tengo la esperanza de que se me permita emigrar también”. Entonces Abu Bákr dijo: “¿Ciertamente esperas eso? ¡Que mi padre sea sacrificado por ti!”. El Profeta respondió: “Sí”. Entonces Abu Bákr se quedó detrás esperando al Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), para acompañarlo. Alimentó dos camellas que tenía con hojas de Namur (un árbol) por cuatro meses. 

Un día, mientras estábamos sentados en la casa de Abu Bákr al mediodía, alguien le dijo: “Este es el Mensajero de Dios con su cabeza cubierta, llegando en un tiempo en el cual nunca solía visitarnos antes”. Abu Bákr dijo: “Que mi madre y mi padre sean sacrificados por él. Por Dios, que él no ha venido a esta hora excepto por algo importante”. Entonces el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llegó y pidió permiso para entrar, y fue admitido. Cuando ingresó, le dijo a Abu Bákr: “Dile a todos los que están presentes contigo que se vayan”. Abu Bákr respondió: “No hay nadie aquí excepto tu familia. ¡Que mi padre y mi madre sean sacrificados por ti, Oh Mensajero de Dios!”. El Profeta dijo: “Se me ha dado permiso para emigrar”. Abu Bákr dijo: “¿Te acompañaré?”. El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: “Sí”. Abu Bákr dijo: “Oh, Mensajero de Dios, que mi padre y mi madre sean sacrificados por ti, toma uno de estos camellos míos”. El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: “(Aceptaré) pagándolo”. Entonces preparamos el equipaje rápidamente y pusimos algo de comida para la jornada en una bolsa de cuero, para ellos. Asmá', la hija de Abu Bákr, cortó una pieza de su cinturón y ató la abertura de la bolsa de cuero con ella, y por eso fue llamada Dat un-Nitaqain (es decir, la dueña de los dos cinturones). 

Luego el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y Abu Bákr alcanzaron la caverna de la montaña de Záwr y se quedaron allí por tres noches. ‘Abd Allah ibn Abu Bákr, que era un joven inteligente y sabio, se quedó (con ellos) a pasar la noche. Los dejó antes de romper la aurora, para estar con los Qureish en la mañana, como si hubiera pasado la noche en La Meca. Él tenía en mente el complot hecho contra ellos, y cuando se ponía oscuro, volvía con ellos y les informaba. ‘Ámir bin Fuhairah, el esclavo liberto por Abu Bákr, solía traerles leche de oveja (de Abu Bákr), durante la noche. Entonces ellos siempre tenían leche fresca durante la noche, la leche de sus ovejas. ‘Ámir bin Fuhairah se llevaba entonces el rebaño cuando estaba todavía oscuro, antes de que rompiera la aurora. Hizo lo mismo en cada una de las tres noches. El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y Abu Bákr había contratado a un hombre de la tribu de los Bani ad-Dail, de la familia de Bani ‘Abd ibn ‘Adíy, como un guía experto… él era de la religión de los infieles de Quraish, pero el Profeta y Abu Bákr confiaban en él y le dieron sus dos camellas y le encargaron que las traiga a la caverna de la montaña de Záwr en la mañana, luego de que hubieran pasado tres noches. Y cuando salieron, ‘Ámir bin Fuhairah y el guía fueron con ellos y los guiaron a lo largo de la costa”. 

Ibn Shihab dijo: “’Abd er-Rahmán ibn Málik al-Mudliyi, quien era el sobrino de Suraqah ibn Málik ibn Yu’sham, me dijo que su padre le informó que él oyó a Suraqah ibn Yu’sham decir: “Los mensajeros de los incrédulos de Qureish llegaron y nos dijeron que habían designado personas que matarían o arrestarían al Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y a Abu Bákr, una recompensa igual a su precio de sangre. Mientras estaba sentando en una de las reuniones de mi tribu, los Bani Mudlich, un hombre de ellos llegó y se paró mientras estábamos sentados, y dijo: “¡Oh, Suraqah! Sin duda, he visto a algunas personas lejos en la costa, y pienso que son Muhámmad y sus compañeros”. Suraqah agregó: “Yo también me di cuenta que debían ser ellos. Pero le dije: “No, no son ellos, viste a fulano de tal y a mengano, a quienes vimos partir”. Me quedé en la reunión por un tiempo y entonces me puse de pie y me fui a mi casa. Le ordené a mi esclava tomar mi caballo que estaba detrás en un montículo, y lo alisté para mí. 

Luego tomé mi lanza y salí por la puerta de atrás de mi casa, manteniendo la punta de mi lanza baja, cerca del suelo. Fui hasta mi caballo, monté en él y salí al galope. Cuando me aproximé a ellos (es decir, a Muhámmad y Abu Bákr), mi caballo tropezó y caí de él, luego me paré, sosteniendo mi aljaba, saqué mis flechas de adivinación extraje muchas, como para saber si debía atacarlos o no, y salieron la mayoría que no me gustaban. Pero volví a montar mi caballo y lo dejé galopar, no dándole importancia a las flechas. Cuando oí la recitación al Mensajero de Dios recitando el Corán, que no estaba mirando, aunque Abu Bákr sí lo hacía, repentinamente las patas delanteras de mi caballo se hundieron en el suelo hasta las rodillas, y me caí de él. Reprendí a mi caballo y se paró, pero difícilmente podía levantar sus patas del suelo, y cuando se puso de pie nuevamente, sus patas levantaron una polvareda que se veía en el cielo como humo. Luego nuevamente saqué un montón de flechas de adivinación, y la mayoría que me disgustaban, salieron. Entonces los llamé para dejarles saber que estaban seguros. Ellos se detuvieron, y yo monté nuevamente mi caballo y me alejé. Cuando vi las dificultades con las que me encontré para atacarlos, vino a mi mente la idea de que la causa del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) saldría victoriosa. Entonces le dije “Tu gente ofrece una recompensa igual al precio de sangre por tu captura”. Entonces les conté todos los planes que los mecanos habían hecho acerca de ellos. Les ofrecí algo de comida y bienes para el viaje, pero rehusaron tomar nada y no me pidieron nada, excepto que el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) me dijo: “No les digas a los demás acerca de nosotros”. Entonces le pedí que escriba para mí una garantía de seguridad. Él ordenó a ‘Ámir bin Fuhairah escribirla para mí en un pedazo de cuero, y luego el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) siguió su camino”. 

Ibn Shihab también dijo: “’Urwah ibn az-Zubair me dijo: “El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se encontró con az-Zubair en una caravana de mercaderes musulmanes que estaban volviendo de Siria. Az-Zubair les dio al Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y a Abu Bákr un regalo, vestimentas blancas. Cuando los musulmanes de Medina oyeron las noticias de la partida del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de La Meca, comenzaron a ir a al-Harrah (los dos campos de piedra volcánica) cada mañana. Lo esperaban hasta que el calor del mediodía los forzaba a retornar. Un día, después de esperar por largo tiempo, regresaron a sus hogares y cuando habían ingresado en sus casas, un judío trepó sobre el techo de uno de los fuertes de su gente para mirar algo, y vio al Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y a sus compañeros vestidos con vestimentas blancas, como si estuvieran emergiendo como un espejismo del desierto. 

El judío gritó al tope de su voz: “¡Eh, árabes! ¡Aquí está el gran hombre por el que ustedes estaban esperando!”. Entonces todos los musulmanes se apresuraron a juntar sus armas y salieron al encuentro del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) sobre el campo de piedra volcánica. El Profeta volvió con ellos a la derecha cerca de él, en la tierra de los Banu ‘Amd ibn ‘Awf. Este fue un lunes del mes de Rabi’ al-Áwwal. Abu Bákr se paró, recibiendo a la gente mientras el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se sentó y mantuvo silencio. Algunos de los medinenses que habían llegado y no habían visto antes al Mensajero de Dios, comenzaron a saludar a Abu Bákr, pero cuando el brillo del sol calló sobre el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y Abu Bákr se adelantó y le dio sombra con su capa, sólo entonces la gente se dio cuenta de quién era el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). 

El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se quedó con los Bani ‘Amr ibn ‘Awf por diez noches, y estableció una mezquita (la mezquita de Quba'), que fue fundada en la piedad. El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) rezó en ella y luego montó su camella y se fue, acompañado por la gente, hasta que su camella se arrodilló (en el lugar de) la mezquita del Mensajero de Dios en Medina. Algunos musulmanes solían rezar en ella en esos días, y ese lugar era una tierra para secar dátiles perteneciente a Suhail y Sáhl, los dos muchachos huérfanos que estaban bajo la guardia de As’ad ibn Zurarah. Cuando su camella se arrodilló allí, el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Este lugar, quiera Dios, será nuestra lugar”. El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) entonces llamó a los dos muchachos y les pidió ponerle un precio a esa tierra, para que él pudiera tomarla como mezquita. Los dos muchachos dijeron: “No, pero nosotros te la daremos como regalo, ¡Mensajero de Dios!”. El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) rehusó tomarla como regalo, e insistió en comprárselas, y luego construyó su mezquita allí. El Profeta Muhámmad mismo comenzó a acarrear ladrillos crudos para su construcción y mientras lo hacía, dijo: “Esta carga es mejor que la carga de Jaibar, porque es más piadosa a la vista de Dios, más pura y mejor recompensado”. 

Y también dijo: “¡Oh, Dios! La verdadera recompensa es la recompensa del Más Allá, por lo tanto, concede Tu Misericordia a los Ansar (auxiliantes de Medina) y los Muhayirín (emigrantes de La Meca)”. 

Así el Profeta Muhámmad recitó (a modo de proverbio) el poema de algunos musulmanes poetas cuyo nombre es desconocido para mí”. 

Ibn Shiháb también dijo: 

“No escuchamos en ningún reporte que el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) recitara ninguna línea completa de poesía excepto ésta”. Narrado por al-Bujari, 3906. 

Pero existe un argumento capcioso lanzado por algunos que quieren atizar dudas sobre el Islam. Dicen que la biografía narra que el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y Abu Bákr emigraron con dos camellas, y ellos entraron a la cueva, y los Qureish los persiguieron; si ellos tenían dos camellas con ellos, la gente habría sabido que Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y su compañero habían entrado a la caverna. Entonces, ¿dónde estaban las camellas? 

Estos argumentadores buscan poner en duda el Islam para que la gente no crea en la biografía del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y hacerles pensar que la biografía está basada en mitos y mentiras. 

La respuesta a este argumento capcioso es muy simple. El reporte citado arriba, el cual estos argumentadores no conocen o simplemente ignoran, nos dice que el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había contratado a un guía para que les mostrara el camino, y aún cuando este guía era seguidor de la religión idólatra de la tribu de Qureish, ellos confiaron en él. Entonces, ellos le dieron sus monturas y le encargaron que las trajera de vuelta con ellos a la cueva de Záwr, después de que hubieran pasado tres noches. 

Este reporte claramente refuta su argumento, y le pone un fin. Alabado sea Dios por guiarnos luego de que estábamos extraviados. 

Otra cosa que sucedió al Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y a Abu Bákr en su viaje de emigración a Medina: 

Se narró que Abu Bákr (que Dios esté complacido con él) dijo: “Le dije al Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), cuando estaba en la caverna, “Si alguno de ellos mira bajo sus pies, nos verá”. Él respondió: “¿Qué piensas, Abu Bákr, de dos personas entre quienes Dios es El tercero?”. Narrado por al-Bujari, 3380; Muslim, 4389. 

Este es un resumen de los eventos acontecidos durante la Emigración. Quien quiera saber más puede consultar referencias en al-Bidaiah wa an-Nihaiah, por Ibn Kázir, 4/168-205. 

Y Allah sabe más.

Islam Q&A
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