Fri 18 Jm2 1435 - 18 April 2014
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Medios que ayuden a superar la timidez y la pereza al convocar a la gente hacia Dios

¿Cuáles son los medios que ayudan a los musulmanes a superar los trucos en que Satanás les hace caer y que les afectan en su prédica e invitación al Islam, como la desesperación, la timidez, la pereza, etc?

Alabado sea Allah

Luego de examinar los obstáculos de la desesperación, la timidez y la pereza, que están entre los más serios obstáculos enfrentados por los predicadores, podemos sugerir dos importantes remedios que ayudarán a enfrentar estos desafíos: 

En primer lugar, recordar la inmensa recompensa y la gran virtud que nos aguarda junto a Dios, glorificado y exaltado sea. Quien está seguro que Dios es Quien le ha garantizado esta recompensa, y que Él lo está mirando, cuando está guiando a la gente hacia Él y mostrándoles Su camino, no vacilará ni por un momento en persistir en sus esfuerzos y continuar en ese camino, y sobreponerse a todo lo que le llame a la desesperación, la pereza y la timidez. El predicador sabio es aquél que tiene en mente constantemente los versos que albrician a los que difunden la religión y a aquellos que enseñan el bien a su prójimo, como por ejemplo los versos en que Dios dijo (traducción del significado): 

Albríciales [¡Oh, Muhammad!] a los creyentes que se arrepientan, adoren a Allah fervientemente, Le glorifiquen, ayunen, se inclinen y se prosternen [en las oraciones], ordenen el bien y prohíban el mal, y respeten Sus preceptos [que ingresarán al Paraíso]” (at-Tawbah 9:112). 

Por cierto que quienes dicen: Nuestro Señor es Allah y obran correctamente, descienden sobre ellos los Ángeles [en la agonía de la muerte y les dicen:] No temáis [a la muerte y a lo que vendrá después de ella] ni os apenéis [por la separación con vuestros familiares], sino alegraos con el Paraíso que se os prometió [como recompensa]. Nosotros somos vuestros protectores en la vida mundanal y en la otra; sabed que tendréis allí todo cuanto deseéis y se os concederá lo que pidáis. Ésta es la recompensa del Absolvedor, Misericordioso. Quién puede expresar palabras más bellas que aquel que exhorta a los hombres a creer en Allah, obra rectamente, y dice: ¡Ciertamente me cuento entre quienes se someten a Allah!’” (Fússilat 41:30-33). 

Leer biografías de los predicadores que convocaron a la gente hacia Dios, y concentrarse en la biografía del líder de todos ellos, Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), para averiguar las grandes metas de estos predicadores, aprender de ellos y de su ejemplo, y constatar que ellos no fueron perezosos, no tuvieron miedo ni desesperación. Más bien, la consigna de todos ellos fue la que el Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) mencionó cuando el ángel de la montaña pensó que él había desesperado de su gente, y le ofreció destruirlos por la orden de Dios, pero el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le respondió con confianza y certeza: “Más bien, espero que Dios haga salir de sus descendientes a aquellos que Le adorarán sólo a Él sin asociarle nada”. Narrado por al-Bujari (3231) y Muslim (1795). 

¿Qué desesperación puede quedarle al predicador luego de contemplar esta gran determinación? ¿Qué timidez puede quedarle luego de que vea lo que sus nobles compañeros y los nobles eruditos enfrentaron para traernos el mensaje de la religión hasta la actualidad? ¿No murieron acaso miles de las mejores personas por esta causa? ¿No fueron miles de las más rectas personas, perseguidas por esta causa? ¿No fueron acaso probados con la cárcel y las privaciones, un número que sólo Dios conoce? ¿Qué virtud puede esperarse para quien se sienta en su casa y falla en difundir la religión de Dios, y auxiliar a la verdad y la justicia en este mundo? ¿Piensa acaso que será igual a aquellos que encomendaron la justicia y siguieron el camino recto? ¿O piensa que las balanzas en el día de la resurrección no mostrarán las buenas obras de la gente, cuando muchas generaciones han pasado antes que nosotros y nos han mostrado su determinación en este campo? Quien estudia las historias de vida de estos piadosos predecesores y medita en sus hazañas se sentirá motivado al esfuerzo, y será inspirado como las primeras generaciones fueron inspiradas. Jálid ibn Walíd (que Allah esté complacido con él) dijo: “Que los ojos de los cobardes nunca descansen”. Narrado por Ibn ‘Asákir en Taríj Dimashq. 

El Dr. Sayíd al-‘Affáni (que Dios lo preserve) dijo: 

“Áhmad ibn Dawod Abu Sa’íd al-Wásiti dijo: 

“Entré a visitar a Áhmad cuando estaba en prisión, antes de que fuera golpeado, y le dije entre otras cosas: “Oh, Abu ‘Abd Allah, hay gente que depende de ti y tienes hijos jóvenes, y estás excusado”. Fue como si yo lo estuviera animando a decir algo (cuando fue interrogado) que lo salvara del problema. Áhmad ibn Hánbal me dijo: “Si esto es lo que piensas, Oh, Abu Sa’íd, ¡entonces estarás a salvo!”. 

Cuántas veces se les dicen tales cosas a los predicadores hoy en día, y cuánta gente tiene conocimiento del Islam y sin embargo se dicen a sí mismas algo similar, y luego se sienten tímidos y retraídos, y no siguen los pasos de los predicadores. Más bien, estas son las palabras de quien no quiere correr riesgos, como el Imam Áhmad dijo. Sobre quien su corazón ha sido tocado pro la situación de los musulmanes, ¿cómo puede buscar seguridad? ¿Cómo puede permitirse que su esposa e hijos sean la causa de que resuelva abandonarse a la debilidad y se abstenga de apoyar el llamado a la religión de Dios? 

¿Es la muerte otra cosa que algo definitivo que sobrevendrá en el momento designado? 

Nadie puede morir sino es por el designio de Allah y según el plazo prefijado. Quien desee la recompensa de esta vida mundanal se la otorgaremos, y quien quiera la recompensa de la otra vida también se la otorgaremos. Y retribuiremos a los agradecidos” (Ali ‘Imrán, 3:145). 

Trabajando por el Islam no se apresurará la muerte, sino que se elevará uno mismo en los niveles más altos del Paraíso. 

Si el musulmán no está con Áhmad, o con los herederos de Áhmad, y permanece ocioso por alguna excusa, entonces se sentirá apenado o defraudado por sí mismo cuanto menos, porque no se cuenta entre la gente que se esforzó en convocar a las personas hacia Dios. Como le respondieron al asceta Bíshr ibn al-Háriz al-Háfi, en el día en que Áhmad ibn Hánbal fue castigado: “Áhmad ibn Hánbal ha sido azotado con setenta latigazos”. Bíshr extendió su pierna y comenzó a mirar su pantorrilla y dijo: “Cuán fea es esta pantorrilla, que no tiene cadenas a su alrededor por apoyar a este hombre”. 

El musulmán sincero, si encuentra una excusa para sí mismo o para quedarse atrás y no unirse al destino de los predicadores, por temor a la discordia o a la persecución de los tiranos, o por alguna razón legítima o debilidad que ve en sí mismo, debe continuar criticándose y reexaminando las conclusiones a las que ha llegado, y hablar bien de los que son pacientes, los valientes y los dedicados a la difusión de la religión. Sobre quien está controlado por sus caprichos y deseos, y argumenta y vocifera, usando palabras rudas para que nadie lo acuse de quedarse atrás, y en su argumento combina el error de retrasarse y el de criticar a aquellos que hacen bien (Dios no lo permita)”. Fin de la cita de Salah al-Ummah fi ‘Uluw al-Himmah, 2/100-102. 

Para más información, por favor consulta el capítulo titulado Haifa ta’lu al-Himam en el séptimo volumen del libro Salah al-Ummah fi ‘Uluw al-Himmah, página 285-367, en el cual se han mencionado 33 medios para incrementar nuestra determinación y sobreponernos a las incapacidades y la pereza. 

Te aconsejamos leer el capítulo ‘Uluw al-Hímmah fi ad-Da’wah ila Allah (2/141-5), el ensayo de al-Hawr ba’d al-Kawr, por el shéij Muhámmad ibn ‘Abd Allah ad-Duwaish (que Dios lo preserve), y también el ensayo ‘Ayz az-Ziqat, por el shéij Dr. Muhámmad Musa ash-Sharif (que Dios lo preserve). 

Y Allah sabe más.

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