Sat 19 Jm2 1435 - 19 April 2014
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La Historia de cómo Salman el Persa ingresó al Islam (Allah esté complacido con él)

Qué tan auténtico es un hadiz acerca de cómo un cristiano, cuando hubo abrazado el Islam, le contó al Profeta (La Paz y las bendiciones de Allah sean con él) la historia de cómo llegó hasta él. Salman le contó que se reunió con algunos monjes, cada uno de los cuáles le aconsejó recurrir a otro, y el último de ellos fue un hombre sumamente recto quien salía una vez al año a curar a la gente, y cuando se encontró con él le aconsejó viajar a La Meca, dándole una descripción del Mensajero de Allah (que la Paz y las bendiciones de Allah sean con él). ¿Entonces el Profeta le dijo: “Tu has hablado con la verdad, él fue el Mesías Jesús”?

Alabado sea Allah.

El hadiz al que haces referencia es un Hadiz extenso que cuenta la historia de cómo el gran sahabah Salman el Persa (Allah esté complacido con él) llegó al Islam. Él fue primero zoroastriano, luego se convirtió al cristianismo, y por último al Islam. Luego de haber aprendido en compañía de varios monjes cristianos, el último de ellos fue un hombre sumamente recto, quien le transmitió su conocimiento sobre la venida del último Profeta. El monje aconsejó a Salman ir entonces a Arabia, donde tal profeta debería aparecer, y le dio detalles sobre la ciudad que sería conocida un día como la Ciudad del Profeta, Medina. 

Pero no hay nada en dicho Hadiz que sugiera que el Profeta (Paz y bendiciones de Allah sobre él) haya dicho a Salman que aquél monje fuese Jesús (la Paz sea con él). Más bien, Jesús (la Paz sea con él) está en el cielo; Allah lo elevó a los cielos y descenderá luego de un tiempo determinado, en que lo enviará de vuelta a la tierra a liderar a los musulmanes en el Fin de los Tiempos. 

La historia de cómo Salman el Persa entró al Islam es una gran historia, llena de lecciones y buenas exhortaciones. Aquí te ofrecemos el Hadiz completo, para que pueda leerlo y beneficiarsee de él. 

Fue narrado que Abdal-láh ibn Abbás dijo: Salman el persa me contó su historia, la oí de sus propios labios. El dijo: 

“Yo era un hombre persa de entre la gente de Isfahán, de una villa llamada Jai. Mi padre fue uno de los jefes de esa villa, y yo era para él, el ser más amado de la creación. Él me amaba tanto que me mantuvo en su casa cerca del Fuego Sagrado, como se cuida a las niñas. Yo me esforcé mucho en el camino de la Religión de los Magos, hasta que me convertí en un Custodio del Fuego, el cuál yo debía vigilar y no dejar apagarse ni por un momento, lo cual hice. Mi padre tenía un jardín inmenso, y él estaba ocupado un día con un trabajo de construcción, cuando dijo: “Hijo, yo estoy muy ocupado hoy con este trabajo, así que ve a vigilar mi jardín, por favor”, y me mencionó algunas de las cosas que quería que hiciese allí. Yo salí, dirigiéndome hacia el jardín, y pasé por una de las iglesias cristianas, donde pude oír sus voces mientras estaban rezando. Yo no sabía nada acerca de la gente, porque mi padre me había mantenido dentro de la casa. Cuando pasé por ahí y escuché sus voces, entré a ver qué estaban haciendo. Quedé muy impresionado con sus rezos, y me sentí atraído hacia su camino. Yo pensé: “Por Allah, esto es mejor que la religión que nosotros seguimos. No voy a dejar a esta gente hasta que el sol se ponga”, y me olvidé del jardín de mi padre y no fui a donde me encargó. Le pregunté a esta gente: ¿Dónde se originó esta religión? Ellos me respondieron: “En Siria”. Entonces volví con mi padre, quien estuvo enviando gente en mi búsqueda, lo que lo distrajo de su trabajo. Cuando volví con él, me preguntó: “Oh, hijo, ¿dónde estabas? ¿No te mandé al jardín con un encargo? Yo respondí: “Oh, padre, encontré en mi camino a una gente que estaba rezando en una iglesia, y quedé impresionado con lo que vi de su religión. Por Allah, que me quedé con ellos hasta que se puso el sol”. A lo que él me respondió: “Oh, hijo mío, no hay nada bueno en esa religión. Tu religión y la religión de tus antepasados es mejor que ella.” Yo dije: “No, por Allah, esto es mejor que nuestra religión”. Él temió por mí, y puso grilletes en mis pies y me mantuvo cautivo en su casa. Pero yo envié un mensaje a los cristianos diciendo: “Si algún comerciante cristiano viene aquí desde Siria, avísenme”. A lo que me respondieron: “Nos han dicho que algunos comerciantes cristianos han venido”. Entonces yo les dije: “Cuando ellos hayan terminado sus asuntos y estén listos para volverse a su país, avísenme”. Y así lo hicieron, y cuando fui informado de que estaban por regresar a Siria, me deshice de mis grilletes y me escapé con ellos hacia Siria.  

Cuando llegué a Siria pregunté: “¿Quién es el funcionario más importante de esta religión? Ellos dijeron: “El obispo de la iglesia”. Así que fui con él y le dije: “Yo deseo seguir esta religión, y me gustaría quedarme contigo y servir en tu iglesia, para aprender y rezar contigo. A lo que me respondió: “Entra”. Así que me quedé con él. Pero él no fue un buen hombre. Ordenaba y exhortaba a sus fieles a dar en caridad, pero él conservaba una gran porción para sí y no lo entregaba a los pobres. Acumuló siete cofres de oro y plata. Yo lo odiaba profundamente, hasta que murió y los cristianos reunieron lo necesario para enterrarlo. Yo les dije: “Este fue un mal hombre, les ordenó dar en caridad, pero cuando ustedes le traían, él lo guardaba y no lo entregaba a los pobres”. Ellos preguntaron: “¿Cómo sabes eso? Muéstranos dónde está lo que acumuló”. Entonces yo les mostré dónde estaban los siete cofres llenos con oro y plata. Cuando ellos vieron eso, exclamaron: “¡Por Allah! ¡Nunca lo enterraremos!” Entonces ellos lo crucificaron y lo apedrearon. Luego trajeron a otro hombre, al que asignaron su lugar”. 

Salman dijo de éste: “Yo nunca vi un hombre que no ofreciera las cinco oraciones diarias, que fuera mejor que él; él se apartó de este mundo y buscó el Más Allá, y nadie se esforzó tan arduamente como él día y noche. Yo lo amé como no he querido a nadie antes, y me quedé con él por un tiempo. Entonces cuando él estuvo cerca de morir, le dije: “he estado contigo y te he amado como nunca he amado a nadie antes, y ahora el decreto de Allah ha venido a ti, como tu ves; ¿Con quién me recomiendas ir? ¿Qué desearías que yo hiciese?” Él me dijo: “Oh, hijo mío, por Allah, yo no conozco nadie actualmente que siga el camino que yo he seguido. La gente está condenada; han cambiado o abandonado muchas de las tradiciones que solían seguir, excepto por un hombre en Mosul. Así es; él sigue el camino que yo he seguido, así que ve y únete a él”. Cuando murió y fue enterrado, me marché a reunirme con él en Mosul, y le dije: “Me fue aconsejado por un monje moribundo venir contigo, él me dijo que tu seguías su tradición”. A lo que me respondió: “Quédate conmigo”. Así, encontré en él a un buen hombre, que se comportaba piadosamente como su compañero. Pero pronto él murió, y nuevamente pregunté: “Así que fui aconsejado de venir contigo y unirme a ti, pero ahora ha venido a ti el decreto de Allah, como tu ves. ¿Con quién me aconsejas ir? Y el me dijo: “Hijo mío, por Allah, yo no conozco nadie que siga este camino excepto un hombre en Nasayyibin. Ve con él”. Entonces cuando hubo muerto y fue enterrado, partí a encontrarme con el hombre en Nasayyibin. Llegué a él y le conté mi historia, y lo que mi compañero me había dicho. Me dijo: “Quédate conmigo”. Así lo hice, y encontré en él un seguidor del mismo camino que sus dos compañeros siguieron, y estuve con un buen hombre. Pero ¡Por Allah! Pronto la muerte estuvo sobre él, y cuando estuvo moribundo, le dije: “Fuí aconsejado de ir con un monje; luego él me aconsejó venir contigo. ¿Con quién me aconsejas tu que vaya, que desearías que hiciese? Él me respondió: “Por Allah, hijo mío, que no conocemos que quede nadie que siga nuestro camino y a quien enviarte, excepto un hombre en Amuríyah. Él sigue en algunas cosas el camino que nosotros seguimos. Si tu deseas, ve con él, porque él sigue nuestra senda”. Cuando falleció y fue enterrado, me dirigí a Amuríyah y le conté mi historia. Él me dijo: “Quédate conmigo”. Así, me quedé con él, un hombre que siguió la misma senda que sus compañeros. Yo adquirí riquezas hasta que tuve vacas y una oveja. Entonces el decreto divino le llegó. Cuando él estaba muriendo, le dije: “Yo fui aconsejado de ir con alguien, quien me aconsejó ir con otro; entonces éste me dijo que recurriera a otro hombre, y éste me aconsejó venir contigo. ¿Con quién me aconsejas tú que vaya, que desearías que hiciese? Él me dijo: “Hijo mío, por Allah, yo no conozco de alguien más que siga nuestro camino para aconsejarte ir con él. Pero llega el tiempo en que un profeta vendrá, quien será enviado con la religión de Abraham. Él aparecerá en la tierra de los árabes y emigrará a una tierra entre dos “harrahs” (formaciones de rocas volcánicas negras), entre el cual hay palmeras. Él tendrá características que no podrán ser ocultadas. Comerá de lo que le es dado como obsequio, pero no comerá de lo que le es entregado como caridad. Entre sus hombros tendrá el sello de la profecía. Si puedes ve a aquella tierra”. Cuando él murió y fue enterrado, me quedé en Amuríyah tanto como fue la voluntad de Allah que yo estuviera, entonces unos mercaderes de Kalb pasaron por ahí y les dije: “¿Me llevarían a la tierra de los árabes, y a cambio les daré estas vacas y esta oveja que tengo? Ellos dijeron: “Sí”. Y así, les di mis vacas y mi oveja, y ellos me llevaron de allí, pero cuando me trajeron a Wadi al-Qura me engañaron y me vendieron como esclavo a un judío. Cuando fui con él y vi las palmeras, tuve la esperanza de que esta fuese la tierra que mi compañero me describió, pero no estaba seguro. Mientras estuve con él, un primo suyo de los Banu Quraiydah vino a visitarlo desde Medina y fui vendido a él, y entonces fui llevado a Medina. Por Allah, tan pronto como la vi, la reconocí por la descripción que me dio mi compañero. Yo estuve ahí, y Allah envió a su mensajero, quien estuvo en La Meca tanto como yo estuve, y no oí nada acerca de él porque estuve ocupado con mi trabajo como esclavo. Entonces él emigró a Medina, y por Allah, yo estaba trepado en la copa de una palmera haciendo ahí un trabajo encargado por mi amo, y mi amo sentado ahí debajo. Entonces, un primo de él vino y estuvo parado al lado suyo, y dijo: “¡Quiera Allah destruir a los Banu Qaylah! Por Allah, ahora mismo ellos se están reuniendo en Quba’ para dar la bienvenida a un hombre de La Meca, y dicen que es un profeta”. Cuando yo escuché eso, comencé a sentir un escalofrío tan fuerte que pensé que iba a caerme de la palmera encima de mi amo. Bajé de la palmera y comencé a decirle al primo de mi amo: “¿Qué has dicho? ¿Qué has dicho? Mi amo se puso furioso y me golpeó con su puño, diciendo: “¿Qué tiene que ver esto contigo? ¡Vuelve a tu trabajo! Yo respondí: “Nada, solo quería asegurarme de lo que había dicho”. 

Yo tenía algo ahorrado, y cuando llegó la noche, fui al Mensajero de Allah (la Paz y las bendiciones de Allah sean con él) cuando estuvo en Quba’, y me acerqué diciéndole: “He oído que tú eres un hombre recto y que tienes compañeros extranjeros quienes pasan necesidades. Esto es algo que yo tengo para dar en caridad, y veo que tú estás más necesitado que ninguno de ellos”. Lo deposité cerca de él y el Mensajero de Allah (Paz y bendiciones de Allah sobre él) dijo a sus compañeros: “Coman”, pero él se abstuvo de comer. Yo me dije a mí mismo: “Este es el primer signo”. Entonces me marché de ahí y recolecté algo más. El Mensajero de Allah (Paz y bendiciones de Allah sobre él) se marchó a Medina, entonces fui a él y le dije: “Veo que tu no comes de la comida dada en caridad; este es un regalo con el cual yo deseo honrarte”. El Mensajero de Allah (Paz y bendiciones de Allah sobre él) comió y dijo a sus compañeros que comieran también. Yo me dije a mi mismo: “Este es el segundo signo”. Entonces yo fuí a ver al Mensajero de Allah (Paz y bendiciones de Allah sobre él) cuando estuvo en Baquí’ al-Gharqad, mientras él estaba atendiendo el funeral de uno de sus compañeros. Él vestía dos chales y estaba sentado entre sus compañernos. Yo lo saludé deseándole la paz y pasé detrás de él, intentando ver su espalda para ver el sello de la profecía que mi compañero me describió. Cuando el Mensajero de Allah (que la Paz y las bendiciones de Allah sean con él) me vio yendo detrás de él, se dio cuenta que yo estaba tratando de encontrar la confirmación de algo que me había sido descrito, entonces dejó caer el chal de su espalda, y yo vi el sello y lo reconocí. Entonces lo abracé, besándolo (el sello) y llorando, y el Mensajero de Allah (Paz y bendiciones de Allah sean con el) me dijo: “Da la vuelta”. Entonces di la vuelta y le conté mi historia tal como yo te la he contado a ti, Oh, Ibn Abbás. El Mensajero de Allah (que la Paz y las bendiciones de Allah sean con él) buscó a sus compañeros para que la oyeran”.

Entonces Salman se mantuvo ocupado con sus tareas de esclavo, hasta que hubo perdido la oportunidad de participar en Badr y Uhud con el Mensajero de Allah (Paz y bendiciones de Allah sean con él). Luego me dijo: “Luego el Mensajero de Allah (la Paz y las bendiciones de Allah sean con él) me dijo: “Haz un contrato de manutención, Oh, Salman (a cambio de su libertad). Entonces hice un contrato de manutención con mi amo, según el cuál yo plantaría trescientas palmeras para él, y le daría cuarenta uqiyahs (monedas). El Mensajero de Allah (la Paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo a sus compañeros: “Ayuden a su hermano”. Así ellos me ayudaron con las palmeras, un hombre trajo treinta pequeñas palmeras y otro trajo veinte, otro trajo cincuenta, otro trajo diez, y así cada hombre trajo acorde a lo que tenía, hasta que juntaron trescientas palmeras para mí. Entonces el Mensajero de Allah (la Paz y las bendiciones de Allah sean con él) me dijo: “Ve, Salman, y cava los hoyos donde las palmeras serán plantadas. Cuando tu hayas terminado, ven conmigo y yo plantaré las palmeras con mis propias manos”. Entonces cavé esos hoyos y mis compañeros me ayudaron, y cuando hube terminado fui a él y se lo dije. El Mensajero de Allah (Paz y bendiciones de Allah sea sobre él) Salió conmigo y nosotros comenzamos a traer las palmeras cerca de él, y él las plantó con sus propias manos. Por el Único, en cuyas manos está mi alma, que ni una sola de esas palmeras se secó. Así yo pagué con las palmeras, pero todavía restaba entregar el dinero. Una pieza de oro del tamaño de un huevo fue traída al Mensajero de Allah (Paz y bendiciones de Allah sean con él) de una de sus campañas. Él dijo: “¿Qué pasó con el persa que hizo el contrato de manutención?”. Fui convocado por él y me dijo: “Toma esto y termina de pagar lo que debes, Oh, Salman”. Pregunté: “¿Cómo podría esto pagar todo lo que yo debo, oh, Mensajero de Allah? Él respondió: “Tómalo, y Allah te ayudará a pagar lo que tu debes”. Así que yo lo tomé y fue pesado, y por el Único, Quien tiene mi alma en sus manos, que pesó cuarenta uqiyahs, y así yo les pagué lo que debía y fui liberado. Luego me presenté al Profeta (Paz y bendiciones de Allah sean con él) en al-Jandaq, y a partir de ese día no volví a estar ausente de ningún gran evento con él”. 

Narrado por Ahmad en al-Musnad (5/441). Los estudiosos del Hadiz dijeron: “Su cadena de transmisión es buena”. 

Y Allah sabe más.

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