98280: Sabiduría detrás del hecho que Dios haya permitido que el Evangelio fuera adulterado a lo largo de la historia


¿Por qué Dios permitió que los Evangelios fueran adulterados, siendo que Él era capaz de preservarlos? ¿Cuáles eran las enseñanzas que los musulmanes seguían antes de la llegada del Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)?

Alabado sea Dios

En primer lugar, Dios ha delegado la preservación de la Torá y del Evangelio a sus eruditos. La evidencia de esto es el verso en el que Dios dijo (traducción del significado): 

Hemos revelado la Torá. En ella hay guía y luz. De acuerdo a ella, los Profetas que se sometieron a Allah emitían los juicios entre los judíos, [también lo hacían] los rabinos y juristas según lo que se les confió del Libro de Allah y del cual eran testigos” (Corán, 5:44). 

Dios no les garantizó a ellos la preservación de sus escrituras como garantizó a la humanidad la preservación del Corán. Hay varias razones para esto: 

1 – Cuando el Sagrado Corán fue revelado, no había necesidad de preservar las escrituras previas, porque los creyentes monoteístas siempre tuvieron la obligación de seguir al último de los profetas y a la última de las revelaciones, y la revelación del Sagrado Corán fue cercana a la de los Evangelio, porque sólo pasaron seis siglos entre ambas. Dios dijo (traducción del significado): 

Te hemos revelado [a ti, ¡Oh Muhammad!] el Libro [el Corán] con la Verdad, que corrobora y mantiene vigente lo que ya había en los Libros revelados” (Corán, 5:48). 

2 – Para que esto fuera una prueba a las comunidades previas a las que se les había dado la revelación, ¿preservarían las escrituras tal como se les encomendó? ¿Prestarían fe realmente a lo que estas escrituras decían? ¿Seguirían ellos a los mensajeros y profetas que vinieran después de la escritura que estaban preservando, especialmente cuando en ellas se anunciaba tal hecho? ¿O persistirían en su terquedad, creyendo que el haber recibido una revelación los convertía en elegidos? 

3 – Para que fuera una prueba y un signo para las generaciones futuras, hasta el Día de la Resurrección. Los cristianos en la actualidad, por ejemplo, pueden claramente percibir y comprender que hay varias versiones de la Biblia, que las copias originales se han perdido, y que las existentes no están libres de contradicciones, textos perdidos y adiciones posteriores. Al mismo tiempo, cualquier investigador honrado que sinceramente esté buscando la verdad, puede comparar ambas escrituras y descubrir no sólo que la venida de un último mensajero era razonablemente predecible, sino también que el Sagrado Corán está libre de los accidentes humanos e históricos a los que estuvo sometida la Biblia. De hecho quien estudie la historia del Islam tanto desde la óptica musulmana como occidental comprobará cuán efectivos y sencillos fueron los métodos que permitieron la preservación del Sagrado Corán a lo largo de los siglos. 

En segundo lugar, durante la época de la ignorancia pre islámica, en la Península Árabe, la mayoría de las personas eran idólatras y politeístas. La mayoría de ellos no tenían algo así como una religión revelada ni leyes decentes, excepto los judíos y los cristianos, que se apartaban de la idolatría y la inmoralidad y adoraban a un Dios único, tal como el monje cristiano Waraqah Ibn Naufal, o Zaid Ibn ‘Amr Ibn Nufail, de quien se narró en un reporte auténtico compilado por Al-Bujari que dijo: “Yo no comeré lo que ustedes sacrifican o lo que apedrean en sus altares; no comeré nada sobre lo cual se haya invocado algún nombre excepto el de Dios”. Y él también solía decir a los árabes de su época: “Oh, gente de Qureish, por Dios, que no hay nadie entre nosotros que esté siguiendo la religión de Abrahán (la paz sea con él) excepto yo”. Él solía reprochar o incluso intentar detener a la gente cuando enterraban a las niñas recién nacidas, y les decía: “No la mates; yo la patrocinaré”. Entonces se llevaba a la niña y cuando crecía le decía a su padre: “Si lo deseas, puede quedarse contigo, y si no, yo seguiré siendo su padrino”. Narrado por al-Bujari. 

Y Allah sabe más.

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