Alabado sea Dios
En primer lugar, Dios ha creado gente de diferentes niveles
en términos de entendimiento, y Él ha elevado a algunos por encima de otros,
en honor a su conocimiento y fe. La vida real es testimonio de ello. Por eso
la gente varía en grados con respecto al juicio y la emulación.
El shéij Sálih al-Fawzán (que Dios lo preserve) dijo:
“La gente cae en cuatro categorías:
La primera es la de aquellos que son capaces de juzgar por sí
mismos en términos absolutos, remitiéndose directamente al Corán y la
Tradición Profética y sacando conclusiones de ello, y ellos no siguen a
ningún otro erudito. Este es el estatus más alto, pero esto sólo se aplica a
aquellos que cumplen las condiciones conocidas para ello, como tener
conocimiento del Libro de Dios y de la Tradición del Mensajero de Dios (que
la paz y las bendiciones de Allah sean con él), conocimientos de la lengua
árabe, en la cual fue revelado el Corán, y tener conocimiento de los versos
evidentes y los versos alegóricos o ambiguos (al-muhkamát wa
al-mutashabihát), de los textos que fueron abrogados por otro posterior
(an-násij wa al-mansuj), y los textos con significado general y con
significado específico (al-jas wa al-‘ám). También debe tener conocimiento
sobre cómo derivar normas. Una persona así puede realizar juicios
independientes. Esta categoría incluye a gente como los cuatro imames
fundadores de las escuelas jurídicas de la Gente de la Tradición y la
Comunidad, como Nu’mán Ibn Zábit Abu Hanifah, Málik ibn Anas, Muhámmad Ibn
Idris ash-Sháfi’i, y Áhmad Ibn Hánbal, como también imames como Sufián
az-Záwri y Al-Awzá’i. A estas personas Dios les ha dado la capacidad para
realizar juicios independientes y derivar normas.
La segunda categoría son aquellos que no pueden juzgar con
independencia en términos absolutos, pero son capaces de sopesar las
opiniones de los eruditos y determinar cuál es más correcta, a causa de su
conocimiento, que puede estar basado en las evidencias textuales o no.
Tales personas deben seguir lo que tenga más evidencias a su
favor, y evitar aquello que vaya contra ellas. Esto se llama en árabe taryih
(sopesar qué es lo más correcto), y también es conocido como iytihád
al-madhhabí (juzgar basándose en el estudio de los diferentes puntos de
vista).
La tercera categoría es la de aquellos que no pueden
involucrarse en tales juicios de valor. Estas personas son consideradas como
seguidores de los eruditos, pero si tal persona sabe que una opinión
determinada de un erudito no cuenta con suficiente evidencia que la apoye,
entonces no debe seguirla. Pero en tanto no sepa y no le sea claro qué es lo
contrario a la evidencia, no hay nada de malo en que siga las opiniones de
eruditos confiables.
La cuarta categoría son aquellos que no pueden hacer ninguna
de las tres cosas mencionadas arriba; no pueden juzgar independientemente en
base a las evidencias, ni pueden juzgar entre los distintos puntos de vista
entre los eruditos, ni seguir una escuela jurídica determinada, tal como los
musulmanes sin educación, por ejemplo.
Tales personas deben consultar a la gente de conocimiento,
como Dios dijo (traducción del significado):
“No enviamos antes de ti sino
hombres a quienes les transmitíamos Nuestra revelación. Preguntadle a la
gente de conocimiento [de entre
la Gente del Libro] si no lo sabéis”
(an-Náhl, 16:43).
Entonces esta persona le pregunta a quien cree que es más
confiable, entre aquellos que conoce su obra y en quienes confía, y sigue su
punto de vista.
Hay categorías de personas con respecto a este punto.
Lo que una persona debe hacer es entender en qué nivel está,
y no debe colocarse en una posición más alta de la que merece. Ciertamente,
el asunto es más serio que eso. Debe temer a Dios, porque esto tendrá una
repercusión en lo que considere lícito o ilícito, lo cual conduce al Paraíso
o al Infierno, y no debe consentirse a sí mismo en asuntos en los que no
tiene conocimiento ni habilidades suficientes”. Fin de la cita de I’ánah
al-Mustafíd bi Shárh Kitab at-Tawhid.
En segundo lugar, nosotros no conocemos nada del shéij
al-Albani (que Allah tenga misericordia de él) excepto que fue uno de los
eruditos prominentes en el campo de la emisión de dictámenes legales. Él fue
uno de los imames de nuestra era en este punto. Sus libros, cintas y
lecciones dan testimonio de eso. Muchos imames que emiten dictámenes legales
elogian su conocimiento y se remiten a él, y citan sus palabras como
evidencia. Quien diga que él fue un experto en la ciencia de los reportes
pero no un jurista se equivoca. Más bien, él fue un jurista experimentado,
que se aferró a las normas del conocimiento islámico. No es conocido que él
tuviera puntos de vista en los cuales basara su entendimiento del Islam, más
bien él seguía el mismo camino que los imames del conocimiento entre los
rectos sucesores, y su conocimiento de la ciencia de los reportes lo
cualificaban para basarse en su punto de vista al determinar qué reportes él
creía que eran más auténticos y cuáles no.
Los eruditos del Comité Permanente de Jurisprudencia Islámica
de Arabia Saudita dijeron del shéij al-Albani:
“Este hombre es bien conocido para nosotros por su
conocimiento y virtud, su veneración y servicio a la Tradición, y su apoyo a
la Gente de la Tradición y la Comunidad al advertir contra el fanatismo y la
imitación ciega. Sus libros son muy útiles, pero como cualquier otro
erudito, no es infalible; él comete errores y luego los corrige, pero
nosotros esperamos que en los asuntos que deba corregir obtenga dos
recompensas, y en los asuntos en que se equivoque obtenga la recompensa de
haber juzgado un asunto, como se ha probado que el Profeta Muhámmad (que la
paz y las bendiciones de Allah sean con él) ha dicho: “Cuando el juez emite
una sentencia, si se esfuerza duro para pensar y tomar una decisión y está
en lo correcto, obtiene dos recompensas, y si se esfuerza duro para pensar y
tomar una decisión y luego se equivoca, tendrá una recompensa”
(Consensuado)”. Fin de la cita.
Shéij ‘Abd el-‘Azíz ibn Baaz, shéij ‘Abd er-Razzáq ‘Afifi,
shéij ‘Abd Allah ibn Gadián, shéij ‘Abd Allah ibn Qa’úd.
Fatáwa al-Láynah ad-Dá'imah, 12/324, 325.
Ellos testificaron que él (que Allah tenga misericordia de
él) fue uno de los eruditos, y que fue uno de los grandes jueces. Todos
saben que el shéij al-Albani (que Allah tenga misericordia de él) era bien
versado en la jurisprudencia y la emisión de dictámenes jurídicos, y podemos
citar tres cosas como evidencia:
1 – El testimonio de otros eruditos a tal efecto. Esto ha sido compilado en
el libro Hayat al-Albani, por el shéij Muhámmad ibn Ibrahím ash-Shaibáni
(que Dios lo guíe).
2 – Sus libros de jurisprudencia, algunos de los cuales no
tienen precedentes. Es suficiente para nosotros mencionar como ejemplo su
libro Ahkám al-Yaná’iz (normas sobre los funerales), que está muy bien
escrito y es indicativo de su profundo entendimiento de la Tradición
Profética, y está apoyado por su entendimiento de los principios jurídicos
que siguieron sus rectos predecesores de las primeras generaciones de la
comunidad. También podemos agregar a eso Aadáb az-Zafáf (conducta durante
las bodas), y Tamam al-Mínnah fi at-Ta’líq ‘ala Kitab Fiqh as-Sunnah
(comentario sobre la jurisprudencia de la Tradición Profética).
3 – Sus grabaciones, que están ampliamente difundidas por el
mundo, de las cuales hay miles en circulación; aquellas que todavía no han
sido producidas contienen 5000 horas de material de audio. Todas estas
cintas son grabaciones de algunas de sus lecciones, ¿cómo sería entonces si
se hubieran grabado todas sus lecciones?
En tercer lugar, finalmente quisiéramos señalar algunos
importantes asuntos:
1 – El shéij al-Albani (que Allah tenga misericordia de él)
fue un ser humano, que hizo cosas buenas y cometió errores. Nadie debe creer
que su palabra es infalible. Nosotros no hemos encontrado nadie que lo diga
explícitamente, pero encontramos muchos que lo creen implícitamente.
2 – No es permisible para ningún seguidor del shéij al-Albani
continuar siguiendo su punto de vista si se hace claro que la opinión de
otro erudito es más sólida; más bien, el seguidor debe seguir la verdad, sin
importar dónde esté ni con quién esté. Le preguntaron al Shéij Muhámmed ibn
al-‘Uzaimín (que Allah tenga misericordia de él):
“¿Cuál es su consejo para el buscador principiante de
conocimiento? ¿Debería seguir una escuela de jurisprudencia o uno de los
imames, o no?”
Él respondió:
“Dios dijo (traducción del significado):
“No enviamos antes de ti sino
hombres a quienes les transmitíamos Nuestra revelación. Preguntadle a la
gente de conocimiento [de entre
la Gente del Libro] si no lo sabéis”
(al-Anbiá' 21:7).
Si se trata de un nuevo estudiante que no sabe cómo sopesar y
evaluar la evidencia, entonces no tiene otra opción que preguntarle a un
erudito, ya sea que siga a uno de los primeros imames que han fallecido o a
un imam contemporáneo (un erudito que todavía esté vivo) y preguntarle, lo
cual es mejor. Pero si se hace claro que esta opinión es contraria a los
reportes auténticos, debe seguir el reporte auténtico”. Fin de la cita de
Al-‘Ilm, p. 115.
3 – El shéij al-Albani (que Allah tenga misericordia de él)
no inventó nada nuevo en materia de normas islámicas, y él a menudo afirmó
que él no decía nada que no haya sido dicho antes. Entonces quien critique
al shéij diciendo que él trajo puntos de vista extraños debería temer a
Dios, y aquellos que tienen una devoción fanática por el shéij también
deberían temer a Dios.
4 – No es acorde a la metodología del shéij al-Albani (que
Allah tenga misericordia de él), ni a la de ninguno de los imames, encontrar
un reporte y luego derivar normas individualmente como a uno se le antoje.
Más bien, el shéij (que Allah tenga misericordia de él) a menudo se quejaba
de aquellos que hacían esto. Él dijo: “Estábamos sufriendo de la imitación
ciega, ¡y ahora sufrimos del libertinaje!”. Y él afirmó que la imitación
ciega de los primeros eruditos era preferible al libertinaje; más bien, para
el musulmán ordinario, seguir a un erudito es recomendable y la
interpretación libre es peligrosa.
5 – Quien sigue al shéij (que Allah tenga misericordia de él)
debe darse cuenta que él mismo criticó la imitación ciega y encomendó la
búsqueda de conocimiento; él llamó a la gente a aprender y dijo que el
musulmán debe seguir la evidencia del Corán y la Sunnah. Si el shéij (que
Allah tenga misericordia de él) le dijo a la gente que no sigan ciegamente a
Abu Hanifah, Málik, ash-Sháfi’i o a Áhmad, fue más enfático aún al decir que
no lo sigan ciegamente a él.
6 – El musulmán ordinario que está de acuerdo con el shéij
al-Albani (que Allah tenga misericordia de él), o con cualquier otro erudito
del pasado o el presente, no debe dictaminar ni polemizar con los demás. Si
aquellos que siguen a un shéij o erudito se atuvieran a esto, la comunidad
estaría libre de muchos males que vemos hoy en día.
7 – No es permisible para aquél en cuyo corazón Dios ha
inspirado el amor al conocimiento y la habilidad de sopesar evidencia y
conocer lo que es más probablemente correcto, seguir a ciegamente a
al-Albani ni a ningún otro shéij.
El Shéij Muhámmed ibn al-‘Uzaimín (que Allah tenga
misericordia de él) dijo:
“Aquél que no tiene conocimiento ni la habilidad de juzgar de
forma independiente en base a los textos debe preguntar a los eruditos,
porque Dios dijo (traducción del significado):
“No enviamos antes de ti sino
hombres a quienes les transmitíamos Nuestra revelación. Preguntadle a la
gente de conocimiento [de entre
la Gente del Libro] si no lo sabéis”
(al-Anbiá' 21:7).
Dios no nos encomendó preguntarles excepto con el propósito
de seguir sus opiniones. Esto es seguirlos e imitarlos. Pero en la imitación
lo que está prohibido es aferrarse sin reservas a una escuela de
jurisprudencia creyendo que esto es lo que Dios encomendó, y luego seguir a
sabiendas una opinión en contra de la evidencia sólo porque es la opinión de
esa escuela. Pero quien no tiene la habilidad de juzgar por sí mismo como
hace el buscador de conocimiento que puede juzgar en base a las evidencias,
puede seguir lo que él piensa que probablemente sea más correcto.
Sobre el musulmán ordinario y el principiante en el camino
del conocimiento, debe esforzarse en seguir lo que él considere más cercano
a la verdad, según quienes tengan mejor conocimiento, piedad y compromiso
religioso”. Fin de la cita de al-‘Ilm, p. 205.
Y Allah es la Fuente de toda fuerza.