126724: ¿Es permisible pedirle a Dios por una muchacha que falleció y con la que pretendía casarse, para que sea su novia en el Paraíso?


Mi prima falleció en un accidente, y yo tenía la intención de proponerle matrimonio. ¿Es permisible rezar a Dios para que ella sea mi novia en el Paraíso, o esto es una trasgresión a las normas de la súplica? Que Dios te recompense con el bien.

Published Date: 2011-01-11

 Alabado sea Allah

 Primero que todo, le pedimos a Dios que cubra a la joven con Su misericordia y la admita en Su Paraíso, y bendiga a su familia y parientes con paciencia y consolación.

 Te aconsejamos que trates a sus parientes con cariño, y los ayudes a sobreponerse a esta prueba. Con respecto a ti, te aconsejamos que aceptes el decreto de Dios y tengas fe en que todas las cosas están en Sus manos, que Él controla todas las cosas en este universo y posee una gran sabiduría, y que no puede ser cuestionado por lo que hace, mientras que nosotros sí.

 Con respecto a tu pregunta acerca de rezar para que esta chica sea tu esposa en el Paraíso, no hay ninguna razón por la cual no debas hacer eso, si Dios quiere, y  puedes rezar por eso.

 Pero lo que preferiríamos para ti es que reces a Dios pidiendo perdón y misericordia para ella, para que Dios eleve su estatus en el Paraíso. Esto es lo que más la beneficiará de ti, y tú serás recompensado por ello, si Dios quiere.

 Tenemos el temor de que puedas exagerar en este asunto, o abusar de esta súplica, y que esto pueda incrementar tu afecto por ella afectando tu vida o distrayéndote de buscar aquello que te mantendrá casto en este mundo, es decir, un matrimonio lícito. Debemos también señalarte, para que no te excedas en tu afecto por ella, que ella ha muerto y que tú no eres su pariente más cercano (mahram), por lo tanto ten cuidado de no excederte al expresar pena y dolor por lo que has perdido, porque Dios ha designado un tiempo para todas las cosas.

 Te recordamos los versos en los cuales Allah dijo (traducción del significado):

“Y por cierto que os probaré con algo de temor, hambre, pérdida de bienes, vidas y frutos, pero albricia a los pacientes [que recibirán una hermosa recompensa].

 Aquellos que cuando les alcanza una desgracia dicen: Ciertamente somos de Allah y ante Él compareceremos.

 Éstos son quienes su Señor agraciará con el perdón y la misericordia, y son quienes siguen la guía” (al-Báqarah 2:155-157).

 El sheij As-Sa’di (que Allah tenga misericordia de él) dijo:

 Dios nos dice que Él inevitablemente probará a Sus servidores, para evidenciar la diferencia entre aquellos que son sinceros de quienes no lo son, a aquellos que se entregan al pánico, de quienes tienen paciencia. Esta es Su forma de tratar a Sus criaturas, porque si la facilidad fuera a continuar para quienes creen y no les sucediera ninguna prueba, no habría forma de distinguir a aquellos que tienen fe de quienes no la tienen, lo cual conduciría a la corrupción. La sabiduría de Dios dicta que la gente de bien sea diferenciada de la mala gente.

 Este es el propósito de las pruebas, para no apartar a aquello en lo que el creyente tiene fe ni apartarlos de su religión. Dios jamás causa que la fe de los creyentes se pierda, y Él nos dice en este verso que probará a Sus servidores “con algo de temor” de sus enemigos, “y hambre”, es decir, Él nos probará con un poco de ambos, porque si Él fuera a probarnos con un temor o un hambre extremos, seríamos condenados, y el objetivo de las pruebas es distinguir a la gente, no condenarlas.

 “Pérdida de la riqueza”, esto incluye toda clase de pérdidas materiales, tales como desastres provenientes de los cielos, quiebra, propiedades arrebatadas por malhechores, tales como un rey injusto, bandidos, etc.

 “Vidas”, es decir, pérdida de seres queridos, tales como hijos, parientes y amigos por distintos tipos de enfermedades, etc. “Y frutos” significa granos, cosechas, árboles u otro tipo de vegetales, debido a una helada, inundación o incendio, o a una catástrofe tal como langostas, etc.

 Estas cosas inevitablemente sucederán, porque el Omnisapiente, el Omnisciente, nos ha informado de eso, entonces sucederá como Él dijo. Cuando esto sucede, las reacciones de la gente caen en una de dos categorías: aquellos quienes entran en pánico y quienes son pacientes. Quien entra en pánico sufre dos calamidades: la pérdida de lo que ama, que es una calamidad, y la pérdida de algo mayor que eso, que es la recompensa que podría haber alcanzado si hubiera seguido las indicaciones de Dios ejercitando la paciencia. Por lo tanto, incurre en una pérdida mayor y su fe declina; pierde la paciencia, la aceptación y la gratitud hacia Dios, y se atrae Su ira, lo que es el sello de su pérdida.

 Sobre a quien Dios le ayuda a ser paciente cuando estas calamidades ocurren, se controla a sí mismo y no expresa descontento hacia el decreto ni en actos ni en palabras; busca la recompensa de Dios y se da cuenta que esa recompensa sólo se puede alcanzar siendo paciente, lo cual será un bien mayor que aquello que ha perdido con la calamidad. Ciertamente, la calamidad es de hecho una bendición, porque se convierte en una forma de alcanzar un bien mayor que el que se tenía antes. El creyente ha obedecido la orden de Dios y ha logrado la recompensa. Por eso, Allah dijo: “Pero dales las buenas nuevas a los pacientes”, es decir, dales las buenas noticias de que se les dará una recompensa incalculable.

 Los pacientes son aquellos que han merecido estas buenas noticias y se han ganado el don de Dios. Luego, Él los describe como “aquellos quienes, cuando los aflige alguna calamidad…”, lo cual refiere a cualquier cosa que aqueje el corazón, el cuerpo o ambos, como aquellas cosas que mencionamos anteriormente.

 “Ellos dicen: ‘Verdaderamente, a Dios pertenecemos’”, es decir, somos servidores de Dios, sujetos a Sus órdenes y a Su control; no tenemos control sobre nosotros mismos ni sobre nuestras riquezas. Si Él nos prueba con cualquiera de esas cosas, El Más Misericordioso entre aquellos que muestran misericordia ha dispuesto de Sus servidores y Sus posesiones, y no puede haber ninguna objeción para Él; más bien, esto es parte de una completa y perfecta sumisión de la persona a Dios y de su servicio hacia Él (‘ubudíyah), sabiendo que la calamidad proviene del Sapientísimo, Quien es más misericordioso hacia Sus servidores que ellos mismos, y que eso requiere complacer a Dios y agradecerle por Su decreto, porque eso es mejor para sus servidores, aún si ellos no se dan cuenta de eso. Como todos pertenecemos a Dios, a Él retornaremos en el Día de la Resurrección, y luego cada persona recibirá la retribución por sus actos. Por lo tanto, si somos pacientes y buscamos la recompensa con Él, encontraremos una recompensa abundante; pero si entramos en pánico y nos enojamos, no obtendremos más que la ira divina y la pérdida de esa recompensa. Entonces, cada persona pertenece a Dios y a Él volverá, y éste es uno de los más grandes medios para lograr la paciencia.

 “Ellos”, es decir, aquellos que son descriptos arriba como los pacientes, “son aquellos sobre quienes están las salawat (es decir, quienes serán bendecidos y perdonados) por su Señor”, es decir, a quienes se elogia y de cuyas virtudes se habla. “Y reciben Su misericordia”, la cual es abundante. Parte de Su misericordia hacia ellos es que Él les ayuda a ser pacientes, por medio de lo cual logran la recompensa completa. “Y estos son los guiados”, aquellos que conocen la verdad, lo cual en este contexto se refiere a su conocimiento de que pertenecen a Dios, de que volverán a Él, y por eso actúan de acuerdo a eso, y su paciencia es por la causa de Dios.

 Este verso indica que quienes no sean pacientes obtendrán lo opuesto que ellos, por lo tanto serán culpados por Dios y castigados, serán desviados y sufrirán una pérdida irreparable. Cuán grande es la diferencia entre ambos grupos y cuán pequeño es el esfuerzo de quienes son pacientes, y cuán grande es el dolor de aquellos que se entregan a la desesperación.

 Estos dos versos nos hablan de que debemos pensar acerca de las calamidades antes de que ocurran, para amortiguar su impacto y hacerlas más fáciles de sobrellevar, y explican cómo reaccionar ante ellas, es decir, con paciencia. También nos informan de que estas calamidades y pruebas son la ley de Dios, y que uno no puede encontrar en ninguna forma una alternativa a ella. También describen varios tipos de calamidades”. Fin de la cita.

 Tafsír as-Sa’di (p. 75).

 Piensa acerca de estas palabras del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y estas enseñanzas de sus rectos sucesores:

 Se narró que la Madre de los Creyentes, Umm Salamah (que Allah esté complacido con ella), dijo: “Oí al Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decir: “No hay musulmán que cuando es golpeado por una calamidad dice aquello que Dios le ha encomendado (‘Verdaderamente, a Dios pertenecemos y a Dios volveremos. Dios nuestro, recompénsame por mi dolor y compénsame con algo mejor’), sin que Dios lo compense con algo mejor que aquello que perdió”.

 Ella también relató: “Cuando Abu Salamah falleció, me dije: “¿Quién entre los musulmanes es mejor que Abu Salamah, el primero en emigrar para unirse al Mensajero de Dios?”. Y luego de decirlo, Dios me compensó con el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)”.

 “El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) envió a Hátib ibn Abi Balta’ah con su propuesta de matrimonio, pero yo dije: “Tengo una hija y soy celosa por naturaleza”. Él dijo: “Sobre tu hija, rezaremos para que Dios la haga independiente. Y sobre tus celos, yo rezaré a Dios para que los aleje de ti”. Narrado por Muslim en su Sahih, 918.

 Por lo tanto, reza a Dios para que te recompense por la calamidad que te ha ocurrido, con algo mejor que ella. También reza a Dios por el alma de esta muchacha y por la de todos los musulmanes fallecidos, pidiendo misericordia para ellos.

 Y Allah sabe más.

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