13930: El significado del reporte “No hay lechuza, no hay Sáfar, no hay estrella del Oeste ni necrófago”


He leído un extraño reporte que afirma: “No hay lechuza, no hay Sáfar, no hay estrella del Oeste ni necrófago”. ¿Qué significa?

Published Date: 2016-11-01

Alabado sea Dios

Ibn Muflih al-Hánbali dijo:

“En las colecciones de reportes al-Musnad, Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, y en otras, se ha narrado que el Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “No hay lechuza, no hay Sáfar”. En la versión de Muslim y en otras figuran también las palabras: “…no hay estrella del Oeste ni necrófago”. 

La palabra para referirse a la lechuza o búho que es usada en ese reporte es ‘hámah’, y significa lo siguiente: 

En los tiempos de la ignorancia preislámica, los árabes solían creer que cuando alguien moría y era encerrado, una lechuza (hámah) salía de su tumba. Ellos creían que los huesos del fallecido se convertían en una lechuza que salía volando, y decían que si alguien era asesinado injustamente, la lechuza se posaría en la cabecera de su tumba y diría “¡Dame de beber, dame de beber!”, hasta que la persona asesinada fuera vengada y su asesino fuera abatido. 

En el caso de Sáfar, los árabes paganos tenían diversas supersticiones acerca de este mes del calendario lunar. En particular, lo que quiso negar el Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cuando dijo “no hay Sáfar”, era la creencia de que había gente que tenía una serpiente en el estómago que le haría daño si mantenía relaciones durante el mes de Sáfar, y que esto era contagioso. Pero Dios negó esto. 

Málik dijo: “La gente de la época de la ignorancia preislámica también consideraba que el mes de Sáfar era sagrado durante un año, y al siguiente no”. 

Con respecto a la estrella, la palabra usada en el reporte es ‘naw’’, y se refiere a una estrella que se pone en el horizonte cuando sale otra. Esta creencia tenía que ver con las fases de la luna, como en el verso (traducción del significado): 

Y a la luna le decretamos sus fases, hasta que [va menguando y] parece una rama seca de palmera [luego entra en creciente otra vez]” (Iá-Sin, 36:39). 

Cada trece noches, una de estas se pone en el Oeste durante la aurora, y otra se eleva por el Este, de tal manera que al final del año habrán salido y se habrán escondido varias veces. 

Los árabes solían creer que cuando una se ponía y salía la siguiente, entonces llovería, y en consecuencia ellos atribuían la lluvia a las estrellas y decían cosas como “Tendremos lluvia porque tal y tal estrella”. 

Se ha dicho que la palabra árabe naw’ significa ‘ponerse’, y que los árabes la llamaban así porque cuando esta estrella se ponía en el Oeste, otra aparecía en el Este (ná’a). 

Pero en el caso de aquellos que creían que la lluvia descendía por la voluntad de Dios, y decían “Tenemos lluvia en el tiempo de tal y tal estrella”, queriendo decir que Dios usualmente hacía que lloviera durante este tiempo, hay un desacuerdo entre los eruditos sobre si decir esto está prohibido o es desaconsejable. 

Con respecto al necrófago, que es como hemos traducido aquí la palabra árabe ‘ghul’, era una clase de demonio o genio. Los árabes de aquella época solían creer que era una criatura siniestra que vivía en la naturaleza y el desierto, y que se le aparecía a la gente adoptando diversas formas y colores para hacerles perder su camino y luego asesinarlos. Dios nuevamente rechazó esta creencia en el Sagrado Corán y en las palabras de Su Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). 

Algunos argumentaron que lo que el reporte niega es que estas criaturas pudieran cambiar de color y forma y que pudieran perder a la gente, y tomaron como evidencia un reporte que afirmaría “No hay necrófago pero sí hay sa’áli”. Este reporte está en Sahih Muslim y en otras obras. El sa’áli era un genio mago que basaba su magia en la ilusión y en confundir a la gente. Al-Jallál narró de Tawus que un hombre lo acompañó, y luego un cuervo graznó y él dijo: “Bien, bien”. Tawus le dijo: “¿Qué bien puede haber en ello, o qué mal? No te me acerques…”. Fin de la cita de Al-‘Adab ash-Shar’íyah, 3/369-370. 

Ibn al-Qayím dijo:

“Algunos eruditos afirmaron que las palabras “Ninguna persona saludable debe ser expuesta a una persona enferma” fueron abrogadas por las palabras “No hay contagio (‘adwa)”. Esto no es correcto. Esto es un ejemplo de cuando lo negado es diferente de lo que se afirmaba. Lo que el Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estaba negando cuando dijo “No hay Sáfar, no hay contagio”, fue la creencia particular que los idólatras tenían acerca del contagio, que era una superstición. En cambio, con respecto a la prohibición del Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de exponer a una persona sana a otra persona enferma, hay dos interpretaciones: 

1 – El temor de que la gente atribuya lo que Dios había decretado a una persona, a la noción de contagio que tenían los idólatras. En cuyo caso, no hay contradicción entre los dos reportes.

2 – Que exponer a una persona sana frente a una enferma era la forma en que Dios hacía que se esparciera una enfermedad, y que en consecuencia la exposición sería la causa, pero que Dios podía evitar los efectos de este contagio real si se le oponían otras causas que evitaban los efectos de la enfermedad. Esto surge de la creencia en la unidad absoluta de Dios, mientras que la noción de contagio que tenían los idólatras, sea que hubiera sido originada por causas reales o no, era una mera superstición. 

El caso es similar a cuando Dios negó la intercesión en el Día de la Resurrección, en el verso (traducción del significado) 

¡Oh, creyentes! Dad en caridad parte de lo que os hemos agraciado antes de que llegue el día en el cual no se aceptará rescate, no valdrá de nada la amistad ni servirá ninguna intercesión…” (Al-Báqarah, 2:254). 

Esto no contradice los reportes auténticos y ubicuos que afirman que habrá intercesión en el Día de la Resurrección, porque lo que Dios negó en este verso es el tipo de intercesión que era conocido entre los idólatras y asociadores, en que el intercesor estaba intrínsecamente asociado a la divinidad. En cambio la intercesión que afirmaron Dios y Su Mensajero es aquella en que el intercesor se dirige a Dios en un plano de igualdad con todos los demás seres humanos, y a quien Dios le ha concedido el derecho de interceder, como en el verso (traducción del significado): 

¿Quién podrá interceder ante Él sino con Su anuencia? Conoce el pasado y el futuro; y nadie abarca de Su conocimiento salvo lo que Él quiere. Su Trono se extiende en los cielos y en la Tierra, y la custodia de ambos no Le agobia. Y Él es Sublime, Grandioso” (Al-Báqarah, 2:255). 

Él conoce tanto lo que hicieron como lo que harán, y sólo podrán interceder por quienes Allah quiera. Ellos Le temen por Su majestuosidad” (Al-Anbiá’, 21:28). 

No se aceptará ninguna intercesión [de los ídolos como suponían los incrédulos], y sólo podrán hacerlo aquellos que quienes Él se lo permita, hasta que, cuando el terror se aleje de sus corazones [el Día del Juicio, los Ángeles] les dirán: ¿Qué dijo vuestro Señor? Dirán: La Verdad. Y Él es Sublime, Grande” (Al-Anbiá’, 34:23). 

Háshiat Tahdíb Sunan Abi Dawud, 10/289-291. 

Y Allah es la Fuente de toda fuerza.

Shéij Muhámmed Salih al-Munáyyid
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