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Copias originales de las obras Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, y su autenticidad

193912

Fecha de publicación : 29-10-2015

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Pregunta

He discutido con algunos duodecimanos que siembran dudas sobre la autenticidad de las obras Sahih al-Bujari y Sahih Muslim. Su principal argumento es que no hay copias originales de estos dos documentos por la manos de sus autores (que Allah tenga misericordia de ellos). El segundo argumento es que algunos de los comentaristas de la obra de al-Bujari discutieron el significado de algunos reportes que ya no pueden encontrarse en esa obra. Ojalá pueda usted darme una respuesta completa sobre este asunto.

Texto de la respuesta

Alabado sea Dios

Una de las cosas más importantes que el musulmán educado debe comprender, o el musulmán que está familiarizado con el legado clásico como con muchos otros asuntos del conocimiento moderno, es que es muy fácil agitar dudas, y que esto es algo que cualquiera puede hacer incluso sin tener conocimiento alguno del tópico que se está tratando, incluso sobre asuntos básicos del sentido común que están establecidos sobre bases racionales. Esto de sembrar dudas y sospechas sobre casi cualquier asunto puede llegar tan lejos que algunas de las personas que lo hacen pueden llegar hasta a poner en duda su propia existencia, dudar de la existencia de todo acerca de ellas, de todo lo que tienen alrededor, lo cual no haría más que ganarles una admisión en un hospital de salud mental.

Esto es algo que tenemos que tener en cuenta al tratar con muchas de las dudas que son en realidad argumentos capciosos, nada más que ilusiones pronunciadas por gente con rivalidades políticas que defiende puntos de vista parciales contra toda evidencia.

El lado positivo de todo esto es que siempre nos empuja a comenzar desde el principio revisando los fundamentos racionales establecidos de los distintos campos del conocimiento y la educación. Lo que has mencionado en tu pregunta es un excelente ejemplo de esto. Si lo que la persona con quien conversaste quiso decir por ‘copias originales’ es un manuscrito escrito por la misma mano de su autor, entonces de acuerdo a este razonamiento y con esta lógica podríamos decir que debería existir el manuscrito original para que aceptemos que una obra en particular debe ser correctamente atribuida a su autor. La pregunta es ¿cuántas de las obras que existen en la historia de la humanidad, aun aquellas cuya autenticidad ha sido corroborada mediante abundante investigación historiológica pueden reunir esta condición?

Para comprender un poco cuán irracional sería estipular esta condición todo lo que debemos hacer es imaginar que ingresamos en una gran biblioteca o en una casa editorial bien conocida internacionalmente, y le decimos a la persona que está a cargo: “Yo no aceptaré que ninguno de los libros que usted tiene aquí ha sido escrito realmente por las personas que aparecen como sus autores hasta que me dé el manuscrito original escrito por el autor mismo para que yo pueda estar seguro de que no me están engañando”. Hacer esto sería ignorar todas las normas y requisitos legales y académicos de la industria editorial y de la historiología a lo largo de la historia, que son las que verdaderamente buscan garantizar la autenticidad de las obras y la correcta atribución a sus autores, como por ejemplo los requerimientos para registrar libros en la Biblioteca Nacional, la obtención de permisos para los publicadores, proveyendo evidencia para tal efecto, y otros protocolos y formalidades académicas que son requeridas en este campo.

Sabemos que muchas de las personas que siembran estas dudas y argumentos capciosos acerca de casi cualquier asunto saben o intuyen en lo profundo de sus mentes cuán tontas son las ideas que están sugiriendo, pero persisten en ellas porque piensan que pueden encandilar a los demás con argumentos tan vanos y precarios y que de esta forma podrán convencer a los demás de que sus ideas son correctas. Por eso, cualquier resultado que obtengan tales personas será suficiente para ellos, aun si solamente logran confundir a la gente. Lo que importa para estas personas es embarrar la cancha y confundir a sus adversarios en un debate, aunque eso implique poner en duda cosas bien establecidas por el sentido común.

Sin embargo, explicaremos brevemente la historia de estas obras.

La obra de Sahih al-Bujari fue estudiada y memorizada por aproximadamente 90.000 personas desde que fue compilada por el imam al-Bujari mismo (que Allah tenga misericordia de él) como afirmó uno de sus estudiantes más conocidos, Muhámmad Ibn Yusuf al-Farbari (fallecido en el 320 después de la Emigración). Ver: Tarij Bagdad, 2/9; Tarij al-Islam, 7/375. Las narraciones de al-Farbari sobre la obra de Sahih al-Bujari fueron muy famosas porque él vivió por largo tiempo y fue muy preciso en las copias que hacía. Él estudió esta obra con al-Bujari durante más de 3 años, y luego muchos narradores conocidos por su confiabilidad aprendieron esta obra de él, a través de los cuales el libro se hizo famoso.

Al-Mustamli (fallecido en el 376 después de la Emigración), uno de estos narradores que transmitieron el libro de Muhámmad Ibn Yusuf al-Farbari, dijo: “Yo copié el libro de al-Bujari de su texto original que estaba en posesión de Ibn Yusuf, y vi que él no lo había completado todavía; había todavía muchas páginas en blanco allí, incluyendo algunas cadenas de transmisión para las cuales él no había escrito ningún reporte, y algunos reportes para los cuales no había escrito ninguna cadena de transmisión. Entonces, nosotros intentamos completar eso”. Fin de la cita. Narrado por al-Bayi en la obra At-Ta’dil wa at-Tachrih, 1/310.

La obra Sahih al-Bujari fue narrada de al-Farbari por muchos narradores conocidos, entre los cuales los más famosos fueron los siguientes:

Al-Mustamli (fallecido en el 376 después de la Emigración), cuyo nombre era Ibrahím Ibn Áhmad.

Al-Hamawi Jatib Sarjás (fallecido en el 381 después de la Emigración), cuyo nombre era ‘Abdullah Ibn Áhmad.

Abu al-Hayzam al-Kashmihani (fallecido en el 389 después de la Emigración), cuyo nombre era Muhámmad Ibn Makki.

Abu ‘Ali ash-Shabwi, cuyo nombre era Muhámmad Ibn ‘Umar.

Ibn as-Sakán al-Bazzaz (fallecido en el 353 después de la Emigración), cuyo nombre era Sa’id Ibn ‘Uzmán.

Abu Zaid al-Mirwazi (fallecido en el 371 después de la Emigración), cuyo nombre era Muhámmad Ibn Áhmad.

Abu Áhmad al-Yarchani (fallecido en el 373 después de la Emigración), cuyo nombre fue Muhámmad Ibn Muhámmad.

Entre los estudiantes bien conocidos de al-Bujari que oyeron y registraron las compilaciones directamente de él para luego transmitirlas a la gente y a otros eruditos con sus cadenas de transmisión completas y consignadas por escrito, estuvo el imam, memorizador del Corán, juez y gran jurista Isjaq Ibrahím Ibn Ma’qil Ibn al-Hachach an-Nasafi (fallecido en el 295 después de la Emigración). La copia de an-Nasafi nos llegó preservada por el imam al-Jattabi (que Allah tenga misericordia con ambos), como él dijo en su comentario A’lam al-Hadiz (1/105): “Conocimos la mayor parte de este libro por los reportes de Ibrahím Ibn Ma’qil an-Nasafi. Jalaf Ibn Muhámmad al-Jaiam nos reportó que Ibrahím Ibn Ma’qil se lo reportó”.

Este ha sido el método más famoso y conocido a través del cual los eruditos de la ciencia de los reportes transmitían sus obras: ellos leían la obra que habían compuesto sus estudiantes, o sus estudiantes se las leían en voz alta y la revisaban juntos. Luego estos libros se difundían y se volvían bien conocidos entre los eruditos, estudiantes y narradores, no a través de un manuscrito original escrito de puño y letra por el autor, que habría sido solo una copia más que el autor guardaba para sí mismo. No existían las imprentas ni las casas editoriales en aquella época; en lugar de eso, lo que había era una continua revisión y consenso de las narraciones memorizadas por toda la comunidad de eruditos, junto con sus cadenas de transmisión.

¿Qué podría hallar un auténtico investigador, que fuera más auténtico que la transmisión mancomunada de una multitud de narradores cuyas vidas y obras eran conocidas, y que habían tenido acceso a la obra del autor mismo consignada por escrito pues habían tenido la oportunidad de revisarla y corregirla junto con él? Estos narradores dijeron acerca de la copia de as-Saganni: “Es copia fiel del manuscrito leído por el autor (que Allah tenga misericordia de él)”. Ver: Faid al-Bari, por al-Kashmiri.

Si quieres saber cuán antiguos son los manuscritos que existen todavía hoy en día, el orientalista Manchana dijo en la Universidad de Cambridge en 1936 que el manuscrito más antiguo con el que él se había topado hasta ese momento había sido escrito en el 370 después de la Emigración, de acuerdo a la narración de al-Mirwazi, de al-Farbari. Ver: Tarij at-Turaz, por Fu’ad Sizkín (1/228).

Una de las copias más famosas de este libro que ha llegado hasta nuestros tiempos modernos es la copia de al-Hafiz Abu ‘Ali as-Sadafi (fallecido en el 514 después de la Emigración), que él copió de la copia de Muhámmad Ibn ‘Ali Ibn Mahmud, que fue leída por Abu Darr (que Allah tenga misericordia de ellos) y que contenía también sus comentarios. Fue conservada por al-‘Allamah at-Tahir Ibn ‘Ashur, que la tomó prestada de la Biblioteca de Tobruk en Libia.

Está también la copia del imam y memorizador del Corán Sharaf ad-Din ‘Ali Ibn Áhmad al-Chunaini, que es más conocido como al-Ba’li al-Hánbali (fallecido en el 701 después de la Emigración). Él la contrastó con la copia original de al-Hafiz Abu Darr al-Harawi, con la de al-Asili, con la de al-Hafiz Ibn ‘Asakir, y con la de Abu al-Waqt, en presencia del gramático y lingüista Ibn Malik, el autor de Al-Alfíyah (fallecido en el 672 después de la Emigración).

Si fuéramos a enlistar las copias existentes de la obra Sahih al-Bujari en las bibliotecas del mundo, cuán cercanas estaban ellas al tiempo en que el autor compiló la obra original, el gran número de copistas y revisores que tuvo, sus biografías y la confiabilidad y consenso que ellos alcanzaron, y los métodos estrictos con los cuales ellos revisaron y contrastaron cada copia derivada con la copia más antigua a la que tenían acceso, eso nos tomaría demasiado tiempo y deberíamos escribir un libro. Es suficiente para cualquiera de nosotros recurrir a una de las bibliotecas donde alguno de esos manuscritos se preserva todavía y revisarlo, y encontraremos cientos de copias con cadenas de transmisión autenticadas, y que todas se remontan de forma unánime y coherente al imam Muhámmad al-Bujari.

Al-Fihris ash-Shamil enumeró 2327 ubicaciones en varias librerías en las cuales había copias de este libro. Ver: Al-Fihris ash-Shamil at-Turat al-‘Arabi al-Islami al-Majtut, al-Hadiz an-Nabawiwa ‘Ulumuhu, 1/493-565.

Con respecto a la obra Sahih Muslim, no es menos conocida ni menos difundida que la obra Sahih al-Bujari, como Brockelmann dijo: “La obra Sahih Muslim es casi tan abundante en las bibliotecas como Sahih al-Bujari en el número de copias existentes”. Fin de la cita de La Historia de la Literatura Árabe, 3/180.

Contiene muchas cadenas de transmisión que confirman que el libro está correctamente atribuido a su autor. La cantidad de cadenas de transmisión existentes son incontables, a tal punto que algunos eruditos escribieron algunos libros solamente para discutir las cadenas de transmisión de Sahih Muslim, hay 8 de tales libros, y uno de los últimos de ellos fue el libro de Al-Jattani (fallecido en el 1327 después de la Emigración), titulado Yuz Asanid Sahiah Muslim.

El shéij Mashhur Hasan Salman dijo: “Un grupo de estudiantes aprendió este libro del imam Muslim. Uno de los más famosos entre ellos fue Ibrahím Ibn Muhámmad Ibn Sufián. Él estudió el libro con su autor no menos de 3 veces y comparó su copia con la copia del autor mismo, su shéij Muslim. La copia de Muslim era muy preciosa y querida para él; él la llevó consigo hasta Ar-Rai y la colocó ante Abu Zur’ah ar-Razi e Ibn Warah, quienes la examinaron. Muchos eruditos la estudiaron y copiaron directamente de Sufián, entre los cuales estuvo Al-Jaludi. Su copia estuvo en circulación entre los estudiantes y algunos de ellos hicieron copias de ella. Muchas de estas copias tenían un alto grado de precisión, y fueron leídas y examinadas por prominentes eruditos y contrastadas con otras copias más antiguas. Por lo tanto, los eruditos las usaron como material de referencia para la investigación y la discusión histórica y jurídica. Ellos solían remitirse a ellas cuando discutían distintos tópicos y problemas de la ley. Hay muchas copias de la obra Sahih Muslim en las bibliotecas a lo largo del mundo, difícilmente haya una biblioteca que no lo contenga. Estas copias varían en las fechas en que fueron realizadas y también en su estado y condición.

En la libraría de Al-Qarawiyín en la ciudad de Fez, hasta hoy en día hay una copia muy preciosa de Sahih Muslim, que es la copia de Ibn Jair al-Ishbili, que él la contrastó muchas veces con otras copias, que él se la leyó a muchos shéijs y eruditos y al cual le fueron leídas otras copias también a tal punto que se considera la copia más importante existente del manuscrito de Sahih Muslim en el norte de África. Escrito en ella por puño y letra de Ibn Jair hay una nota que afirma que él la contrastó con otras 3 copias originales de Al-Hafiz Abu ‘Ali al-Yiyani”. Fin de la cita del imam Muslim Ibn al-Hachach wa Manhajuhu fi as-Sahih, 1/375-376.

Con respecto a lo que te dijo esta persona de que “algunos de los comentaristas de Al-Bujari discutieron el significado de algunos reportes que no figuran actualmente en la obra de al-Bujari”, nosotros no hemos podido encontrar ni un solo ejemplo de esto. Las diferencias en los reportes de Sahih al-Bujari fueron muy escasas, casos menores que tenían que ver con las cadenas de transmisión o con la redacción exacta de algunas frases en los reportes, o con el título de algún capítulo. Pero sugerir que hubo algunos reportes que fueron mencionados en algunas copias pero no en otras, es algo de lo cual no pudimos encontrar ningún ejemplo.

Aun si asumiéramos que existen, esto no es algo que podemos objetar ni encontrar extraño. Si los narradores que nos remitieron los reportes del Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) difirieron en sus relatos en algunas ocasiones aun siendo testigos presenciales, narrando la misma historia con una redacción determinada o a veces con otra, o algunos de sus compañeros reportaron sucesos que unos recordaban y otros no, nada de todo esto socava la autenticidad del ejemplo y las enseñanzas que nos han llegado a nosotros hasta hoy en día provenientes del Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), ni tampoco siembra dudas sobre la honestidad de los narradores cuyas vidas y obras han sido estudiadas por los compiladores de reportes. No sería nada extraño si hubiera ligeras diferencias entre los narradores de las obras de eruditos posteriores, lo cual no socavaría necesariamente la autenticidad de sus libros ni la honestidad de su proceder.

Nosotros estamos convencidos de que la razón por la cual algunas personas presentan estas dudas y estas ideas equivocadas es la ignorancia extrema del legado clásico islámico, además de una notable falta de conocimiento sobre la naturaleza de la historia y de los registros históricos. De otra forma, quien tenga algún conocimiento de estas ramas del conocimiento se dará cuenta que las diferencias menores entre los reportes o manuscritos en las obras clásicas son algo previsible y natural tomando en cuenta que en el pasado estas copias se hacían a mano y que los medios de comunicación eran muy pero muy simples, amén de que algunos copistas podían cometer errores, ser poco precisos en aferrarse al texto original, etc. A menudo ellos ni siquiera eran concientes de las alteraciones que el autor mismo había provocado en su propio libro, lo cual podía conducir a la aparición de algunas diferencias entre las copias, como sucedió en el caso de la obra Sunan at-Tirmidi, Sunan Abu Dawud, Al-Muwatta' del imam Malik, y el Musnad de Áhmad Ibn Hanbal. Ciertamente esto sucedía más abundantemente en el caso de las obras previas al advenimiento del Islam, cuando la historiología todavía no se había desarrollado bajo la influencia de la imperiosa necesidad de conservar la redacción y pronunciación exactas de la última Revelación, que fue el Sagrado Corán. Tal es el ejemplo de la poesía árabe en los tiempos de la ignorancia preislámica, de los libros de Platón, de Aristóteles y todo el legado de la filosofía griega, y en el caso de la Torah o Pentateuco y del Evangelio.

Esperamos que habiendo proveído estos ejemplos los lectores queden alertados sobre la naturaleza inconducente e irracional de estos argumentos capciosos y se den cuenta que con un poco de experiencia y razonamiento podemos estar a salvo de estos planteos inconsistentes.

Ver Riwayat wa Nusaj al-Yami’ as-Sahih li al-Imam Abu ‘Abdullah Muhámmad Ibn Isma’il al-Bujari: Dirasah wa Tahlil, por el Dr. Muhámmad Ibn ‘Abd al-Karim Ibn ‘Ubaid, que fue de una gran utilidad para nosotros a la hora de preparar esta respuesta.

Y Allah sabe más.

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