Este asunto no tiene que ver tanto con el animal como con el ser humano. El musulmán que tiene por hábito la veracidad y se esfuerza en ser honesto en sus palabras, acciones, modales y actitudes, y en cada aspecto de su vida, no es alguien que se comporte de este modo, engañando a un animal para hacerle pensar algo que en realidad no es cierto. Esto es así porque la veracidad forma parte del carácter del musulmán y se vuelve una segunda naturaleza para él; si una persona se acostumbra a ella, entonces se arraiga profundamente en su corazón y en su mente, tal como dijo el Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él): “La veracidad conduce a la rectitud, y la rectitud conduce al Paraíso. Una persona puede decir la verdad hasta que sea registrada ante Al-lah como veraz. La mentira conduce a la maldad, y la maldad conduce al Infierno. Una persona puede mentir hasta que sea registrada ante Al-lah como mentiroso” (Bujari, 6094; y Muslim, 2607).
En ese caso, esta persona veraz se abstendrá de dar la impresión de que tiene algo con él cuando en realidad no lo tiene, ya sea con otra persona, con un animal, o incluso consigo mismo y en su imaginación.
Malik Ibn Dinar (que Al-lah lo tenga en Su misericordia) dijo: La veracidad y la mentira luchan en el corazón hasta que una expulsa a la otra (Dham Al Kadhib de Ibn Abi Ad-Dunia, nº 48).
Cada persona es responsable de cómo trata a los animales; se le ordena tratarlos con bondad y cuidarlos si los tiene consigo, o dejarlos libres si no es capaz de cuidarlos. Y se le ordena evitar hacerles daño, como marcarlos en el rostro, golpearlos severamente, y cosas semejantes.
Por lo tanto, existe la preocupación de que pueda ser responsable de haber dado al animal la impresión de que tenía comida cuando en realidad no tenía nada, y que esto se registre contra él como una mentira, tal como se registraría si hiciera lo mismo con los niños, como está probado en la Sunnah en el reporte de ‘Abdul-lah Ibn ‘Amir, quien dijo: “El Mensajero de Al-lah (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) vino a nuestra casa cuando yo era un niño. Yo quería salir a jugar, pero mi madre me dijo: ‘Oh, ‘Abdul-lah, ven aquí y te daré algo’. El Mensajero de Al-lah (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) dijo: ‘¿Qué quieres darle?’. Ella respondió: ‘Le daré un dátil’. El Mensajero de Al-lah (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) dijo: ‘Si no lo haces, se te registrará como una mentira’” (narrado por Ahmad en Al Musnad, 24/471; los comentaristas lo clasificaron como auténtico debido a evidencias corroborativas en la edición de Mua’sasat Ar-Risála; también fue clasificado como auténtico por el Sheij Al Albani en Sahih Abi Dawud, 4991).
De hecho, Al ‘Al-lama Al Mu‘al-limi (que Al-lah lo tenga en Su misericordia) dijo:
Un grupo de personas vino a un sheij para aprender de él, y lo vieron salir porque su mula se había escapado y trataba de atraparla. Él tenía en su mano un balde [del tipo que se usaba para contener hierba para alimentar a los animales] y se lo mostraba a la mula. Ellos notaron que el balde estaba vacío, así que regresaron y no aprendieron de él. Dijeron: ‘Este hombre está mintiendo a la mula, y no podemos estar seguros de que no mentirá cuando relate hadices’” (Al Anwar Al Káshifa, p. 90).
Sin embargo, aquí puede hacerse una excepción si el dueño del animal necesita que éste venga hacia él y no encuentra otro medio para lograrlo, o si el animal está en la etapa de entrenamiento y está siendo domesticado, y este método es uno de los principales métodos de entrenamiento. En tales casos, no vemos nada de malo en engañar al animal, porque existe una necesidad para ello, y es sabido que la necesidad hace permisible lo que está prohibido según las enseñanzas islámicas, si dicha prohibición se debe a otra razón o es prohibida por ir contra los modales adecuados, especialmente si no hay mentira flagrante, sino solo dar una impresión equivocada.
Y Al-lah sabe más.